TREINTA ARTÍCULOS

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“La Declaración Universal de los Derechos Humanos tiene 30 artículos”.

Los Derechos Humanos no son cosa de muchachos, me dijo mi supervisora cuando le pedí incluir su estudio en el programa de español que estaba impartiendo a estudiantes de 6to. grado. _ es un tema muy de adultos, no lo entenderían.

Cuando casi diez años después la directora de Shelton Academy, el actual colegio donde trabajo en Miami, me pidió que le diera mi opinión, si comprar o no, unos textos de Mari Paz Martínez Nieto, la autora del programa, una adaptación para niños de la Declaración Universal de Derechos Humanos, no me lo pensé dos veces, y le dije que sí.

Yo enseñaba español y literatura a toda la escuela, desde Kindergarten hasta 9no. grado, decidí comenzar a partir de 4to. Grado. El próximo curso lo trabajamos desde el 2do. Grado y ya después a partir de Kindergarten.

Si un niño crece conociendo sus derechos, aprende a exigirlos y a defenderlos. Mis alumnos me enseñaron que pueden entenderlo todo si se lo explico bien.

La maestra era cubana y buena parte de los estudiantes venezolanos, nos fue fácil entendernos, proveníamos de dos tiranías hermanas. Había clases que se convertían en tribunas donde todos tenían algo que decir. A Sofía Prieto le mataron a su hermano, al salir de su colegio en Caracas, a Diego lo secuestraron junto a su padre, a la tía de Jonathan la encontraron muerta con 14 balazos en su cuerpo… iban aprendiendo los conceptos y querían hablar de las violaciones de los derechos humanos de las que eran testigos.

_ Maestra, ¿por qué la gente buena elige presidentes malos? _ este fue Juan, 7 años, segundo grado.

_A mí, no me importa la plata, a mí lo que me importa es la libertad _ Sebastian Bou Bego, 7 años.

_ Yo voy a aprender bien todos los derechos humanos, voy a estudiar para presidente de Venezuela y voy a hacer que todos los que se han ido puedan regresar, y mis abuelos no se van a tener que venir, ellos se tuvieron que quedar cuidando el negocio. José, 6 años, primer grado.

Si los dejaba no me daban tiempo para cumplir con el plan de lecciones y darles la ortografía, gramática y todo el contenido que tenía que impartir. Les fascinaban las historias de Cuba _ Cuéntenos más _ me pedían.

Los niños lo hablan todo, la sorpresa grande fue cuando sus jóvenes padres empezaron a preguntarme si las cosas de Cuba que sus hijos les contaban al llegar a casa eran verdad. El poder de la desinformación, en eso son los mejores. Nunca termino de encontrar personas que me miran absortas cuando hablo de las violaciones de derechos humanos en Cuba y mira que los cubanos hemos luchado por contar la verdad.

_ Algunos no me creían cuando les explicaba que los Castro eliminaron las escuelas privadas, me decían que eso no podía ser cierto y mucho menos cuando les conté que a mi amiga Dolores de la Libertad Arnold la expulsaron de la universidad donde estudiaba medicina por ser católica.

_ En la resolución, me contestó por escrito Dolores, cuando le pregunté sobre su expulsión, …”estaban incluidos los desafectos a la revolución, los cristianos comprometidos, homosexuales, como en la UMAP, la “escoria” de la sociedad, los que eran diferentes, los que no pertenecían al grupo de los elegidos… como Hitler con la pureza germánica… los blancos contra los negros, los islámicos contra los infieles, es ese sentimiento mediocre de los seres humanos para sentirnos mejores que el otro, el que no es como yo, no sirve…”

_ No siga hablando de derechos humanos, maestra, porque voy a llorar –, me pidió una estudiante mientras les mostraba el documental ” El lado obscuro del chocolate”, una investigación sobre la esclavitud infantil en Costa de Marfil. Los niños fuertemente motivamos quisieron investigar sobre el tema y encontraron muchísimos videos más en youtube sobre niños esclavizados por todo el mundo.

Me quedé en silencio por unos segundos, les expliqué que mi intención no era entristecerlos, que yo quería educarlos para que ellos hicieran de este mundo un lugar mejor para vivir. Que todo lo que estábamos aprendiendo en clase hoy les iba a servir para toda su vida, que cuando yo fuera viejecita , iba a estar tranquila pensando que en los lugares donde cada uno de ellos estuvieran trabajando como maestros, artistas, médicos, abogados, políticos, presidentes… allí ellos iban a respetar los derechos humanos. Que estas clases eran para ser mejores y para hacer mejores cosas.

La niña volvió a levantar su mano.
_ Bueno maestra, ¿entonces que vamos a hacer para lograr la libertad de Venezuela? Quedaban 5 minutos para que se terminara la clase, recé, le pedí a Dios que me ayudara a dar una respuesta a la altura de aquellos niños. Pasaron unos segundos y nada venía a mi mente.
_ ¿Qué proponen ustedes? me gustaría oir sus ideas.

Uno de los trabajos que hicimos fue que cada niño eligió un artículo para investigar, los más pequeños hicieron dibujos alegóricos y escribieron frases y mensajes en grandes cartulinas.

Otra vez, mi estudiante, pero con una gran sonrisa ahora, propuso: _ Vamos a mandar nuestros dibujos al palacio de Miraflores, quizás cuando Maduro los vea, les lleguen al corazón y se vuelva bueno y no maten a más estudiantes en las calles.

Una maestra muy sabia que tuve en la universidad siempre repetía “Tratar a los hombres como si fueran niños y a los niños como si fueran hombres”.

Después de estar impartiendo tres años consecutivos el programa de Derechos Humanos, ASOPAZCO, la Asociación por la Paz Continental, premió el trabajo de mis alumnos. El colegio público Puerta de la Sierra, de Venturada, Madrid, también acogió el programa durante este curso que recién terminó. Ha sido tal el entusiasmo de los muchachos y profesores de ambos países que decidimos intercambiar los trabajos y dibujos hechos y hasta tuvimos una video conferencia para intercambiar experiencias y conocernos mejor.

Fue muy revelador para los maestros comprobar que aunque la realidad de mis alumnos, la gran mayoría inmigrantes, es muy diferente a la de los niños de Madrid que asisten a esa escuela, el resultado del trabajo con el programa de derechos humanos ha sido similar. Sus dibujos, sus mensajes escritos son de una madurez y un compromiso con la libertad impresionantes. En estos momentos de tanta guerra y muerte por todas partes, formar a los jóvenes del futuro cercano nos llena de esperanzas.

Mari Paz me decía al observar los trabajos: _ El corazón de los niños es el mismo en cualquier parte del mundo.

Sueño con el día que en todas las escuelas desde los primeros grados le hablemos a los niños de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, no hay que esperar a que sean mayores para educarlos en el respeto a la dignidad humana. También hay que enseñárselo a los maestros, han sido demasiados los que me han preguntado cuántos artículos son.

María Victoria Olavarrieta
Profesora de Español y Literatura
Miami.

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