Articulo de Esteban Fernandez.

UNA FLOR PARA TAMARGO
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por Esteban Fernández
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Siempre lo recuerdo, parece que fue ayer pero ya hace nueve años de su fallecimiento, y hoy le dedico unos minutos, escribo unas líneas y simbólicamente le llevo una flor a su tumba.

La última vez que lo vi fue cuando mi amigo Carlos Hurtado y yo entramos a “La Carreta” de Miami. Estaba desayunando con su hija Lila. Ibamos a saludarlo de lejos, pero nos llamó y nos invitó a acompañarlos.

Sucede que hace años, muchos años, siendo yo un joven, escribí un libro sobre mi pueblo titulado “Güines de mis Recuerdos”. Creo innecesario decirles que no fue un “best seller” del “New York Times” ni nada parecido. Sin embargo, cumplió su cometido, fue comprado por mis coterráneos y saqué los gastos. Eso fue todo.

¿Eso fue todo? No, eso no fue todo, porque inocentemente incluí unas cuatro o cinco líneas y esas palabras fueron las llaves que abrieron un verdadero tesoro en mi vida.

Dije, contando los inicios de toda mi vida como un niño que abre sus ojos a la belleza de un pueblo y a la vida: “Los fines de semana desde muy temprano en las mañanas yo me sentaba en un sillón en el portal de mi casa esperando que llegara Henio del Castillo con la Bohemia, en un intento porque nadie me ganara la revista y poder leer antes que nadie a mi escritor favorito AGUSTÍN TAMARGO cuando yo tenía 10 años de nacido”…

Si eso lo hubiera escrito cuando Agustín era un conocido comentarísta en Radio Mambí quizás él lo hubiera interpretado como una guataquería más de las que le sobran a los famosos. Sin embargo, fueron escritas por alguien (al igual que la mayoría de los cubanos en ese instante) que no tenía la más ligera idea de donde estaba metido Agustín Tamargo. Inclusive yo no sabía si todavía estaba en Cuba. Lo cierto es que no era el gran personaje que después brilló en el exilio miamense.

Pero, esas líneas en mi humilde libro, escritas por un joven en California, no solamente llegaron a sus manos sino que lo impresionaron extraordinariamente.

Pero haberlo dicho cuando “él no vivía aún en el exilio miamense” me acredita hoy y me da la moral para poder decir que casi desde que yo nací en la corta lista de mis preferidos SIEMPRE estuvo y está AGUSTÍN TAMARGO.

Y por esas cosas lindas de la vida ( y la vida tiene pocas cosas bellas) hace muchos años me llegan las primeras noticias de que Agustín Tamargo, mi ídolo de la niñez, estaba reciprocando sus elogios hacia mi persona y decía cosas increíbles en “Radio Mambí” como que “Aquel niño que me leía en Güines hoy vive en California y según mi opinión es el mejor COSTUMBRISTA del exilio cubano”

Y desde entonces comenzó a leer mis escritos, y mientras tuvo voz leyó mis artículos por la radio miamense. Y todavía hoy me cuesta mucho trabajo aceptar que Agustín me admirara. Yo creo que es algo así como lo que representara para un católico que el Papa dijera de él “que es un gran religioso”.

Una mañana cuando Agustín me entrevistaba en su programa le dije: “Hace varios días el ex boxeador “Huracán” Carter al ver la película de su vida interpretada por el actor Denzel Washington dijo: “Wow, yo no sabía que cuando yo era joven lucía tan bien”. Y eso es lo mismo que a mí me pasa cuando usted, Sr. Tamargo, lee mis escritos, es cuando únicamente yo pienso: “¡Ñooo, la verdad es que yo soy un buen escritor!, usted me hace lucir bien”

Y todavía hoy al conmemorar su fallecimiento el dolor me embarga, no es justo que Agustín abandonó esta vida sin ver a Cuba libre. Esa Cuba que era su total y única obsesión en la vida. Esa Cuba por la cual él peleaba, se enojaba, se emocionaba y defendía con toda entereza.

Cada cual tiene el derecho de pensar de Agustín lo que mejor desee. Conozco a algunos que no lo querían, y conozco a otros que hoy lo ponen al lado de Martí y Maceo. Eso es parte de la libertad de opinión. Que cada cual crea lo que quiera.

Y que nadie piense que siempre estuve de acuerdo en todo con Tamargo. Fui, quizás, la única persona que estuvo en desacuerdo con su discurso en Los Angeles y discrepó públicamente con él, y al terminar sus palabras salió disparado a darme un abrazo. Hugo Byrne en uno de sus brillantes ensayos mencionó este incidente.

Y les pido que me respeten la creencia de que fue, para mi gusto, uno de los mejores escritores que ha dado Cuba, porque no han cambiado mis gustos y sigo pensando igual que aquel niño que esperaba con ansiedad los escritos de Agustín en la calle Pinillos en Güines.

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Articulo de Esteban Fernandez.

Debate

1 Respuesta

  1. Maria Victoria Olavarrieta dice

    Me he emocionado al leer este artículo. Si los hombres aprendiéramos a amar la verdad del otro no estaríamos tan enfrentados unos con otros . Me complace leer como cuando Esteban Fernández y Agustín Tamargo tuvieron puntos de vista diferentes, eso no los puso a pelear, no daño su admiración mutua y los llevo, incluso a abrazarse. ¡ Qué catequesis! El escucharnos unos a otros con respeto es algo que los cubanos tenemos que aprender.

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