D.I.O.S. David Generoso Gil.

 

Tras eld-i-o-s (1) dolor, se encerró a sí mismo y se tragó la llave, que permaneció en su estómago hasta que unas mariposas las rescataron.

Nació con dos corazones. Anomalía. Monstruo de feria. Hospitales, pruebas, dolor, temor. Amó el doble. Sintó el doble. Eso lo compensó todo.

Enamorarte huyendo de tu infancia. Casarte huyendo de tus padres. Divorciarte huyendo del matrimonio. Emborracharte huyendo de ti mismo.

La infancia es un berrido. La adolescencia, grito enjaulado. La juventud, un aullido de guerra. La madurez, un susurro. La vejez, silencio.

Hablar con tu yo interior. Escuchar risas al fondo. Acercarte sigiloso. Encontrar al yo de tu infancia jugando. Acompañarle. Reír los dos.

Errores que se repiten porque la voz de la experiencia se queda afónica.

Volver al principio, donde residían las ilusiones, el futuro abierto, la mirada limpia. Envolverlo en papel de regalo y enviártelo al ahora.

Palabras, que se tragan justo antes de pronunciarse, se anudan al estómago, se hacen fuertes, y piden como rescate alimentarse de tu orgullo.

Sumergirte en un libro como en aguas abiertas, pero sin traje de buzo, con total libertad y los ojos bien abiertos para pescar maravillas.

Si te rompen el alma en mil pedazos, aprovecha y coloca las piezas en su sitio. Por ejemplo, el corazón en su hueco y no en el del cerebro.

Se miraron, se enamoraron, se desvivieron el uno por el otro, se acostumbraron, se reprocharon, se odiaron, se miraron y ya no se vieron.

Hora de almacenar sueños en pequeñas dosis para distribuírlos a lo largo del día como antídoto contra la realidad.

Si haces inventario de lo almacenado en tu cerebro y te salen más recuerdos que ilusiones, date por envejecido.

Susurramos las grandes palabras y gritamos las enormes tonterías. Y así nos va.

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D.I.O.S. David Generoso Gil.

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