El tercer exilio cubano

Por Hugo J. Byrne  A Eduardo Arocena. “Peleamos, nos derrotan y peleamos de nuevo”.

General Nathaniel Green (segundo de George Washington y vencedor en la batalla de Trenton).

¿Qué caracteriza al exilio? Tanto me preocupa el tema que lo he analizado en más de un artículo, porque admito que para mí eso está muy cercano a la obsesión. Haciendo gala de una superficialidad grotesca, muchos llaman exiliados políticos a todos cuantos han abandonado el territorio cubano como consecuencia del sistema totalitario que se impusiera arbitrariamente a nuestras vidas desde 1959.

Al precio de que me acusaran de arrogante, soberbio y elitista he sostenido siempre la gran diferencia entre desterrados políticos y emigrantes económicos. Esa diferencia ha sido correctamente interpretada por mis lectores.

Nunca me ha extrañado que quienes no entiendan la diferencia o a quienes no les interese resaltarla, escriban o digan “Cuba” refiriéndose al régimen castrista. Quienes simbolizan a Cuba quizás no seamos solamente el menguante grupo de ancianos exiliados en el umbral de la eternidad. Pero reflejamos mejor el concepto y esencia de nuestra nación de origen que quienes permanecen acatando el presente status quo.

Establezcamos hoy el hecho de que aún dentro de la definición genérica de exiliados de Cuba, existen diferencias y matices. El primer exilio lo experimentamos todos cuando aún vivíamos en Cuba.

Al subvertirse las tradicionales relaciones sociales cubanas, antaño abiertas y espontáneas y de repente reprimidas y tímidas, enfrentamos la evidencia de una relación antagónica entre nuestra individualidad y el medio ambiente: el lugar donde vivíamos no era ya la patria libre.

No se trataba solamente de la supresión de nuestros inalienables derechos políticos. Ese mal ya lo habíamos sufrido, combatido y derrotado.

Entonces se desarrollaba otra situación mucho más trágica: la funesta imposición de un sistema de vida totalitario y tiránico, establecido sucesivamente por el engaño y la fuerza, del que habíamos leído y oído, pero nunca conocido de primera mano y el que no esperábamos sufrir. Es importante subrayar que aludo a un régimen colectivista y no a un sistema político.

Nada conocíamos de la capacidad totalitaria para el mantenimiento indefinido del poder absoluto, en especial cuando la insularidad del territorio brindaba a ese poder una inmensa ventaja estratégica. Ese factor, en combinación con mitos políticos, geográficos e históricos, generó el segundo exilio: el destierro.

Durante más de medio siglo de éxodo, casi tres millones de cubanos han salido del territorio nacional. Durante el mismo período la población en la isla ha crecido con penosa lentitud y envejecido en promedio: de aproximadamente 7 millones de habitantes en 1959, Cuba apenas cuenta hoy con 11.9. Durante el mismo tiempo casi todas las naciones hispanoamericanas a pesar de la ineficiencia endémica característica en sus instituciones, han triplicado su población.

Aunque en teoría el éxodo equivale al exilio, en realidad la inmensa mayoría de los desterrados han pasado sus vidas como emigrantes comunes. Esta adversa realidad que caracterizara también a casi todas las migraciones políticas en la historia moderna, es tan humana como inevitable.

La actitud de total o parcial renuncia a las actividades libertarias que distinguieron, crearon y honran nuestra nacionalidad, se hizo más evidente a medida que arribaban al destierro nuevas generaciones de nativos cubanos. El último éxodo refleja el triste deseo de renunciar a una nacionalidad que por error identifican con la opresión política y la miseria material.

A pesar de ello, pocos destierros como el cubano han sido capaces de contar con un núcleo tan sólido de individuos que contra viento y marea durante más de medio siglo, mantuvieran una firme actitud desafiante contra la opresión totalitaria. Aquellos para los que sólo la muerte puede finalizar sus esfuerzos por Cuba, representan la quinta esencia del tercer exilio que con justicia ha sido llamado “Histórico”.

Estoy convencido de que las virtudes y las faltas son tan individuales como los derechos y que ningún hombre puede reclamar como propio el honor de los héroes que existan entre sus semejantes. Empero, mi humilde membrecía en el exilio me honra inmensamente. No aspiro a más distinguido laurel ni mejor epitafio que el de desterrado cubano.

¿Quiénes son los héroes de esta dura lucha todavía inconclusa? Para enumerar sacrificios y sacrificados necesitaría cien cuartillas.

Sin embargo, la narración que todavía espera escribirse es la de quienes han sido objeto de la implacable persecución de la tiranía castrista fuera de las costas cubanas. Los asesinados por los esbirros de los Castro, o por sus cómplices extranjeros, son muchos más que los conocidos del público.

Ese público sabe aún menos de la odisea de los que han guardado y aún guardan prisión fuera de Cuba, como consecuencia directa de sus actividades en contra del régimen y de las terribles presiones políticas ejercidas por los cómplices de la tiranía contra ellos. Quizás para relatar esa odisea se necesite otro Homero. Pero cuando se escriba, definirá para la posteridad ese Exilio Histórico, verdadera estirpe de hombres y mujeres libres.

 

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