Que cambien ellos

Foto: Algunos de los positores y periodistas independientes que el viernes 23 de enero asistieron a la rueda de prensa convocada en su domicilio por Antonio G. Rodiles, para aclarar la posición del Foro por los Derechos y Libertades sobre los acuerdos entre Cuba y Estados Unidos, a propósito de la visita a La Habana de Roberta Jacobson, secretaria para Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado de Estados Unidos. La foto, de Ernesto García, fue tomada de Cubanet.

Por Raúl Rivero

El Mundo, 30 de enero de 2015.

Raúl Castro, que autorizó largas jornadas de conversaciones secretas para llegar a un acuerdo y restablecer las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, le sacó brillo a sus charreteras, repasó el manual antiimperialista y a su vecino del norte le hizo una advertencia en Costa Rica.

El General le anunció a Norteamérica que para alcanzar un diálogo fluido debía eliminar el embargo comercial a Cuba, devolver el territorio de la base naval de Guantánamo, darle una compensación económica por los años de sanciones y cerrar las trasmisiones de radio y televisión que desde Miami se hacen para informar a los cubanos.

El tono del dirigente fue severo, con resonancias de exigencias, para encajar con armonía y sin perder ni una esquina de su cartel de enemigo del imperio en el entorno de la III Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) que se celebró en San José.

Dijo que “no sería ético, justo ni aceptable que se le pidiera a Cuba nada a cambio, si estos problemas no se resuelven”. Añadió que no cederá “ni un milímetro” en el modelo político que impone en su país y lanzó mensajes de apoyo al gobierno de Nicolás Maduro y a Vladimir Putin, presidente de Rusia “con la cual tenemos históricas y fraternales relaciones”.

Si Estados Unidos cumplirá o no con los sueños del dictador es una decisión de la administración de Barack Obama. Ellos tienen también en su agenda lo que reclaman los grupos de la oposición que rechazan la normalización de las relaciones diplomáticas con amplias ventajas comerciales para un gobierno que no cederá “ni un milímetro” y se apuntalará, se hará más fuerte y podrá intensificar la represión y el control sobre la ciudadanía.

Los opositores quieren, entre otras cosas, que se liberen los presos políticos, que se permita la fundación de partidos, la libertad de asociación y la libertad de prensa, que los cubanos puedan abrir empresas privadas en cualquier dominio de la economía nacional y en el plazo de un año se convoquen elecciones libres. Para que llegue pronto esa Cuba trabajan y se arriesgan todos los días.

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