47 años escribiendo

   por Esteban FernándezEsteban_Fern_ndez

A lo mejor algunos de ustedes han leído 20 o 30 escritos míos pero quiero sepan que acabo de cumplir 47 años publicando mis columnas semanales.

Y si usted me quiere felicitar por algunos de mis recientes artículos olvídese de eso y mejor felicíteme por los esfuerzos iniciales. Esos fueron los verdaderamente difíciles. Hoy en día escribir es un jamón. Cualquiera puede redactar algo con las facilidades que brindan las computadoras, con “Google”, con Microsoft Word etc.

Voy a contarles las vicisitudes iniciales y estoy seguro que al final de leerme ustedes me congratularán muchísimo más por el pasado que por el presente. Para comenzar voy a remontarme muy lejos, al año 53, fue durante los meses de vacaciones de verano del Colegio Presbiteriano, mis padres “para evitar que estuviera mataperreando” me enviaron a la casa de una maestra llamada María que daba clases particulares, allí me pidieron que hiciera una composición y ella después de leerla me dijo: “Mejor dedícate a las matemáticas porque nunca triunfarás en las letras”. No le hice caso porque si ella creyó que escribiendo era un desastre yo ya sabía que en los números era un tolete. Y seguí emborronando cuartillas. Yo tenía exactamente nueve años.

Muchos años más tarde al llegar a Los Ángeles sólo existía el semanario “América Libre”. A mano le escribí unos garabatos al director llamado Daniel San Román y nunca me respondió.

Eso me desencantó un poco, pero después surgió La Prensa de Los Ángeles. Hice el mismo intento con el director Renán Romero mandándole unas líneas de puño y letra “con el ruego de su publicación”. Sorpresivamente recibí una llamada de Renán y me dijo: “No, no puedo publicar tu artículo hasta que te compres una maquina de escribir y me prometas que por lo menos vas a hacer cinco escritos más”. Le contesté “Muy bien, la semana que viene te envío mi primer texto”. Y así nace esta columna con un artículo dedicado a las actividades desplegadas por la gloriosa “Juventud Cubana de Los Ángeles” durante el año 1967. Hasta su muerte cada vez que me encontraba con Renán me decía riéndose: “Te dije cinco, yo pensaba que escribirías dos y ya pasas de los dos mil”.

La maquina no era eléctrica, me equivocaba muchas veces y los arreglaba con “White Out”. Los escritos iban llenos de manchas blancas cubriendo los errores, los metía en un sobre y los enviaba por correo. Menos mal que hacía muchos años mi prima María Mercedes Quintero me había dado unas clases de mecanografía, poco a poco iba recordando y eso me ayudó muchísimo.

En una fiesta que me dieron por mi cumpleaños en el restaurante “Floridita” de Los Ángeles, mis amigos hicieron una ponina y me regalaron una maquina eléctrica. Una maravilla que no requería White Out porque arreglaba los fallos automáticamente.

Después comencé a escribir en el semanario 20 de Mayo donde también el director Abel Pérez era extremadamente comprensivo conmigo y con mis deficiencias. Ya no utilizaba el correo pero ahora era peor porque daba tres viajes al semanario que quedaba a unas 20 millas de mi casa, primero para llevar el escrito, después para revisar que todo saliera bien y por último para recoger el periódico y repartirlo a las amistades.

Tres años les llevó a mis mejores amigos Carlos Hurtado y Ángel Torres para convencerme de que comprara una computadora. Y yo, estúpidamente, estaba renuente.

De pronto mi hija me dijo: “Papi tengo como cuatro computadores en el garaje de mi casa tiradas en el piso, no sé si sirven o no sirven, pero ven y llévatelas y pruébalas”. Ni idea yo tenia de cómo hacer eso, pero dio la casualidad de que Tito Rodríguez Oltmans estaba quedándose en mi casa y me dijo: “Vamos para allá, las traemos todas y antes de irme para Miami yo te dejo una funcionando”.

Así se hizo y gracias a Dios eso fue algo verdaderamente milagroso. Ya le enviaba mis escritos -completamente arreglados- por Email al 20 de Mayo. Y se me abrió un tremendo campo y mis ensayos son publicados en Nuevo Acción de Aldo Rosado, Baracutey de Pedro Pablo Arencibia, Libre de Demetrio Pérez, Adri Bosch en la Argentina, la revista Ideal, la Voz de Miami Beach, Todo el Mundo Habla, Conversando con Jotavis, Balance Cubano, Guaracabuya, Asopazco, las revistas güineras Ecos del Mayabeque y La Villa, y muchos sitios más. Y lo más importante: todos lo que me leen se ocupan de reenviar mis escritos a sus amigos.

Y el mayor “desagravio” personal me llegó durante la época en que Agustín Tamargo leía mis escritos por Radio Mambí y estos fueron escuchados por una ancianita de 90 años en Hialeah quien consiguió mi teléfono y me llamó diciéndome: “¡Esteban de Jesús, soy María, yo fui tu maestra durante tres meses en Güines, te felicito, yo siempre supe que serías un buen escritor!”

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