LA GUERRA Y LA PAZ

Por Esteban Fernández

 

Hasta en los concursos de bellezas como Miss Universo o Miss América cuando les hacen la pregunta clásica de ¿qué usted quisiera en el futuro de la humanidad? todas estas muchachas se deciden por la elegante bobería de “¡Oh, yo lo que deseo es la paz mundial!”  Y reciben una ovación. Nadie en esos certámenes dice una rotunda verdad: “¡La única forma de que haya una paz verdadera y duradera es barriendo del mapa a los hijos de perras a través de la guerra!”…
Eso de “la paz entre todos los seres humanos” parece algo muy loable y bello pero además de ser una utopía  se trata de una antigua consigna a escala mundial para mantener a la gente inerte y llegar a tener esclavizada a la humanidad en pleno. Y los que crearon y lanzan el slogan pacifista son los mismos que intentan conservar sojuzgados a los pueblos. Detrás de la fachada lo que en realidad quieren decir es: “¡Qué nadie se subleve para poder seguir usufructuando del poder y tener a la población sumisa y boca abajo!”.

 

 

Vamos a llevarlo al terreno personal: usted va por una calle con su prometida, un atrevido y fornido malandro se les acerca, le da una nalgada y trata de besarla ¿usted va a la guerra contra ese descarado o le da un abrazo y trata de justificar su actuación?… A las dos de la mañana le rompen los vidrios de la ventana de su casa, un bandido entra y trata de violar a su esposa e hija ¿usted pelea o trata de contemporizar con el delincuente?…Y en ese nivel individual  también quieren mantener a los ciudadanos indefensos y lanzan la feroz campaña en contra de las armas de fuego. Y ya hasta evitan que los niños jueguen con revólveres de fulminantes. 

 

No hay nada más odioso que la guerra pero debemos aclarar que hay dos tipos de guerras: la despreciable que provocan los tiranos y la justa y necesaria por derrocarlos y salir de ellos. La actitud pacifica  sólo funciona entre personas decentes. Lo cierto es que hasta cuando se le piden disculpas a los malvados en lugar de aceptarlas se envalentonan y suben la parada.

Entrar en la guarida del tigre y acariciarlo sólo puede llevar al atrevido a perder un brazo y quizás la vida.   A la jaula de los feroces felinos sólo se puede penetrar con un látigo y con un revolver por si la fusta no es suficiente. El “pórtense bien, tigres” no funciona.

 

 Tratar de resolver las cosas por las buenas sólo recibe a cambio la burla de los malvados. La mayoría de nosotros nacimos en un ambiente donde nos inculcaban: “Si un zángano trata de abusar de ti, pártele un palo en la cabeza”…

 
Los que como yo fuimos a colegios religiosos, en mi caso Presbiteriano, aceptábamos todos los preceptos que nos enseñaban. Pero lo cierto era que nos chocaba eso de que  “al recibir una bofetada debemos poner la otra mejilla para recibir otra”.  Nos agradaba más la parte de “Jesucristo sacando a los mercaderes del templo a latigazos”…

 Y en el caso cubano, que es donde voy a llegar con todo este preámbulo, todo el que le hable de pacifismo, de Gandhi, de Martin Luther King,  de borrón y cuenta nueva, es sinónimo de 50 años más de castrismo en nuestra patria.  Desgraciadamente en el horizonte hay solamente dos alternativas: la beligerancia o lustrarle las botas a Alejandro Castro Espín. Los  jovenes cubanos van a tener que escoger entre los fusiles, las calibres 50 o el cepillo y betún. Hasta aquí mi escrito.

Postdata: Pero, como una incidental, quiero añadir que me tienen hasta la coronilla los que tratan de venderme a Madiva (Nelson Mandela) como un santo y un pacifísta cuando en realidad fue un terrorista, un comunista y un amante de la tiranía castrista.  Hasta Bill O’Reilly -con quien he simpatizado- me tiene la cachimba llena de guisasos repitiendo que Mandela “fue un comunista, pero al salir de la cárcel fue un hombre bueno y abandonó es doctrina”… Los cual es absolutamente incierto y eso queda demostrado con esta foto mucho después de ser liberado.

 

 

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