SOY MUY OBSERVADOR,¡DESGRACIADAMENTE!

 

(6-17-13-4:25PM)

Esteban_Fern_ndez

 

 

 

Por Esteban Fernández

Yo soy, quizás, una de las pocas personas en el mundo que quisiera ser mil veces más bruto que lo que soy. La imbecilidad es fuente inagotable de alegre incomprensión del medio que nos rodea. Dijo Albert Einstein que solamente hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana.

Y… por suerte, inteligente no soy. Ni por un segundo yo me he creído ser escritor, ni intelectual, ni periodista. Pero, para mi desdicha, soy una persona muy observadora. Y eso me ha permitido expresar mis opiniones regularmente y al mismo tiempo padecer mucho.

Sí, porque ser extremadamente sagaz no es una virtud ya que una de las cosas que noto es que las personas que no son perspicaces viven más felices y tranquilas que las que lo miramos y detallamos todo con lujo de detalles…

Me amargué la vida dándome cuenta ipso-facto que Fidel Castro era un hijo de la gran perra y fui notando y estudiando cada paso que diera en la destrucción de nuestro país. Mis observaciones lograron que los cretinos quienes alegremente gritaban “¡Paredón!” convirtieran mi vida en un infierno.

Mientras millones de cubanos aplaudían yo sufría y veía (y sigo sufriendo y viendo) cada barbarie cometida por ese monstruo. En un final, hoy en día ¿a quienes escuchan, les dan medallas y llaves de las ciudades, los entrevista Radio Martí y el Miami Herald los pone en primera página?… ¿A los que descubrimos la verdad en 1959 o a los que han notado algunos fallitos del régimen desde hace cuatro o cinco años?

La gente distraída disfruta tranquilamente viendo “Sábado Gigante”. Muchos se entretienen sin analizar nada. Yo no puedo ver ese programa porque a la legua me desagrada enormemente darme cuenta que el conductor es un pesado, un jamonero mano muerta, un pujón, un burlón, un falta de respeto y un abusador que detesta a los cubanos.

¿Ustedes no han notado que “El Gordo y la Flaca” tienen miles de seguidores en las redes sociales? Y yo pienso lo felices que deben sentirse todos al no darse cuenta que estos dos personajes son unos hipócritas que ocultan su cubanía y guataquean a los mexicanos en beneficio de un salario. A cada rato sintonizo el programa para ver si rectifican y de eso nada. El otro día lo puse y a los tres segundos escuché a Lily Estefan diciendo que “estaba de luto porque México había perdido un juego de soccer en contra de Italia”.

¡Qué contentas deben sentirse las personas que sienten simpatías por el hombre que dos veces consecutivas ha logrado ganar las elecciones en los Estados Unidos! Yo, desde la primera vez que escuché y le di un simple vistazo a Barack Obama me di cuenta que el tipo, en el mejor de los casos, es un paluchero de marca mayor. Verlo bajar corriendo por la escalerilla del avión es un suplicio.

Mientras millones y millones de norteamericanos votaban por él yo noté inmediatamente que sin la ayuda del “teleprompter” el “Mesías” no puede ni hilvanar un discurso coherente de 10 minutos. Es decir que donde único es bueno es en leer lo que le escriben otros.

Y la tapa al pomo son los disidentes actuales. ¡Cuánto diera por compartir las esperanzas de muchos compatriotas creyendo que estos nuevos “gladiadores” van a resolver el problema de Cuba! Mientras, a mí me amarga extremadamente darme cuenta que no le pueden ganar -ni intentan ganarle- ni un round a los Pioneros de Melena del Sur!

¡Pobre de mí que a los cinco minutos de observar a Guillermo Fariñas (y al 99 por ciento de estos muchachones) capté que en el mejor de los casos son parte de una pantomima de proporciones gigantescas! Sólo tuve que pasarme dos días “a buchitos de líquidos” para el examen de la colonoscopía para comprender que sus huelgas de hambre son el paquete más grande de este siglo…

¡Qué feliz fuera compartiendo la falacia de que Yoani Sánchez, con sus escritos y sus críticas mesuradas contra las incomodidades que sufren los cubanos, va a conseguir que todos los generales se monten en aviones despavoridos rumbo a Siberia!… ¡Cuánto yo diera por compartir la opinión de algunos considerándola una nueva Mariana Grajales!…

Y por favor, los que confían en ellos que no se sientan ofendidos por mis palabras, porque yo los felicito y los envidio. Al final de la jornada la gran verdad es que yo detesto mis intuiciones y maldigo la hora en que dejé de creer en Los Tres Reyes Magos. También el descubrimiento prematuro de que las sirenas no cantaban le hizo mucho daño a mi mente.

El Día de los Padres me senté a comer juntos a mis dos hijas en el “Red Lobster” y comencé a hacer varios comentarios sagaces sobre la actualidad cubana y mundial y noté que me estaban ignorando, y que desconocían -o les interesaba muy poco- todas mis observaciones. Me di cuenta que estaba metiendo la pata, cambié el tema para cosas más agradables, me sonreí y le di gracias a Dios porque estas dos muchachas viven muy felices sin haber heredado esa manía mía de escudriñarlo todo y pasar cada cosa a través del tamiz…

 

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