SANDY

Por: Julio César Gálvez.

Sección: Una isla perdida en el mar.

Cuando concluía un comentario sobre la modificación a la Ley de Migración, decretada el pasado 16 de octubre por el régimen cubano, me llegaron varias imágenes del paso del huracán Sandy por las provincias orientales. Indescriptibles los destrozos causados por las fuerzas de la naturaleza. Hasta las cupulinas delanteras  de la Catedral de Santiago de Cuba se vinieron abajo y el Santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre sufrió daños, tanto en su interior como en el exterior.

Según la opinión de muchos habitantes de la región, desde el paso del ciclón Flora, en 1962, este ha sido el que con mayor fuerza e intensidad ha asolado el oriente cubano. Varios fallecidos, múltiples y considerables afectaciones a las precarias viviendas, si es que se les puede llamar así, y a la economía agroindustrial es hasta el momento el triste balance del andar de Sandy por tierras cubanas, a más de 175 kilómetros por hora .

Todo esto es muy triste y lamentable, mucho más cuando existen víctimas mortales de por medio. Pero la burla macabra la dio Raúl Castro, quien pidió “ confianza ” a los afectados por el huracán Sandy y prometió que su gobierno “ no dejará abandonado a nadie ” De seguro que ocurrirá como cuando el huracán Michelle pasó por Cuba en el 2002,  cuando dijo lo  mismo y aún los afectados están esperando la ayuda prometida. ¿ Y qué pasó con los del Denis en el 2005 ?

La confianza del pueblo de Cuba en las palabras de quienes usurpan el poder desde hace más de 50 años hace rato se perdió. Como decíamos cuando éramos muchachos y utilizábamos pantalones bombachos: “ era verde y se la comió un chivo ”

Nos solidarizamos con nuestros compatriotas, lamentamos las muertes acaecidas, el hambre, la miseria y las necesidades aumentadas para todos los que sintieron el paso de Sandy por tierras cubanas, afectados o no. Pero de seguro que el régimen dictatorial se verá obligado a solucionar, a la mayor brevedad posible, la difícil situación por la que atraviesan en estos momentos los habitantes de las provincias orientales. De la pronta y oportuna ayuda depende en gran medida la permanencia de la cúpula de viejos generales en el poder. Es tiempo de cambio y las masas hambrientas y abandonadas ante las desgracias no pueden esperar la promesa eterna que no llega. No es un vaticinio, es la realidad y eso lo saben bien quienes dan las órdenes en Cuba.

De seguro que las enormes necesidades materiales, incrementadas ante esta desgracia, puede ser un detonante que cambie el panorama político existente en la isla. El régimen tiene todos los recursos en sus manos, escondidos en almacenes subterráneos, para encontrar rápida solución a este desastre. Si no acomete la tarea se reafirmará que los Castro odian al pueblo de Cuba. Todo es cuestión de tiempo.

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