¡Papi no mires, cierra los ojos !….Remolcador 13 de Marzo

 

 

 

(7-13-12-5:15PM)

 

Por: Lic. María del Carmen Carro. 

Maria Victoria Suárez la primera persona sobreviviente de la tragedia del Remolcador 13 de marzo, que denunció con su propia voz el asesinato que cometieron con los tripulantes y los que viajaban en aquella embarcación, brutalmente hundida a siete millas del litoral habanero.

Maria Victoria sobreponiéndose al dolor inmenso de haber perdido su pequeño hijo Juan Mario de tan solo 10 años fue valiente, su llanto lleno de ira por el crimen, movió corazones. Su dolor, conmovió a todos sus vecinos, sus amigos, al pueblo de Cuba en general.

Para “Mally” los recuerdos de aquella fatídica noche, la llevaban a pesar de su desesperación a no perder los detalles de los últimos instantes vividos junto a su hijito.

Ella, como las demás mujeres, mostraban a los “asesinos” los pequeños…!hay niños!- gritaban, pero los chorros de agua casi las desnudaban, destruían por pedazos la embarcación y se escuchaban los gritos desesperados de niños y mujeres que suplicaban. ¡Ay Señor ayúdanos!

Fue así, entre fuertes chorros de agua que Mally cae al mar, protegiendo a su pequeño con su cuerpo.

-¡Papi, no mires, cierra los ojos!- a la vez que le bajaba la cabeza con sus manos para que el niño no pudiera ver todo el infierno que le rodeaba.

Mally, recordaba con exactitud cada momento. .- A pesar, de que el niño luchaba contra la fuerza del mar, ella sintió como se le iba desprendiendo de su cuello.

En declaraciones que dio a la pensa extranjera, la joven dijo textualmente.- “Grité, llamando a mi esposo. Nadie respondió.”

“Ya el niño estaba estiradito y no se movía”. Desgarrador testimonio de una madre cubana, sobreviviente del asesinato más atroz que recordemos. Cubanos, que solo querían escapar del comunismo. Pienso en  el oscuro mar y me estremece solo pensar en aquellos relatos de los que salvaron la vida.

Tiempo después del Remolcador, en cada Aniversario, todos los familiares y amigos más cercanos, nos reuníamos muy cerca al poblado de Cojimar, ubicado al este de la Capital habanera. Todos los sobrevivientes estimaban era el lugar exacto. A siete millas del litoral habanero, habían hundido el Remolcador “13 de marzo”. El grupo, integrado en su mayoría por familiares y amigos y yo en representación de la Prensa Independiente, fuimos escoltados todo el tiempo por carros encubiertos de la Seguridad Cubana

Allí, en los arrecifes, recuerdo a mis amigos Jorge García y su esposa Elisa Suárez (ya fallecida), su hermana Esther, quien había perdido a su esposo. Esta familia perdió 14 familiares. También se incorporaba a este humilde tributo, los familiares de nuestro querido Amado González, “Espiga, que toda Guanabacoa recordaba por ser el que “montaba” la fiesta de casi todas las quinceañeras de aquellos años.

Yo no llevaba grabadora, de hecho la Seguridad del Estado lo hubiera impedido, ni cámaras .Mis recuerdos, son “mis sentimientos”.

Yo buscaba  a Mally con la vista, no quería interrumpir, todo era muy triste. Luto auténtico. Los presentes, evitaban estallar en llanto. Lo hacían con lágrimas calladas, de esas que salen por las esquinas de los ojos y llegan hasta el corazón. Yo miraba a mi amigo Jorge, que trataba de explicarme el lugar exacto donde habían hundido el Remolcador, pero mi pensamiento, lo confieso, estaba en María Victoria.

Ella tenía una trenza muy larga, extremadamente larga. (Al llegar a Miami la donó al Museo de los Balseros, cumpliendo una promesa sagrada) Se adentró en el mar, llevaba en las manos unos caramelos, flores. Sus lágrimas eran “-muy de ella”. Me parecía que conversaba con su pequeño Juan Mario, lo buscaba en las aguas del mar.

Ni una palabra. Era demasiado el dolor de esta madre cubana. Así, lo repetía.-‘me desprendieron a mi hijito con chorros de agua muy fuertes”.

Luego en la despedida, todos juraron no olvidar sus muertos. Unos fueron en carros, pero Maria Victoria prefirió caminar. Y caminamos, desde Cojimar hasta Guanabacoa. El padre, Jorge García, la miraba en silencio.

Yo le tomé del brazo, a modo de animarla, pero la desesperación de la joven Mally, se sentía y cuando llegamos a la Villa Panamericana, venía un ómnibus con rumbo a Guanabacoa, pero ella me dijo.- “No, vamos caminando, y así lo hicimos.”

Yo miraba su trenza húmeda, que se movía en su espalda, y se me antojó que le daba consuelo. Fue la amiga que en alguna ocasión le ayudó a disimular su “mar de lágrimas.”

Muchos vecinos de nuestra Villa, al verla pasar le brindaban un saludo afectuoso. Los García Suárez son muy queridos y respetados dentro de nuestro pueblo, Guanabacoa. Habían sido maestros y Jorge muy conocido, además por su afición a los perros. Era, el que curaba las dolencias de nuestras mascotas. Fue fundador del Club Doberman de Guanabacoa. Su casa era famosa. Los  perros doberman parecían guardianes apostados. Solo que en aquellos años cuidando la felicidad de esta familia.

Magdalena una de las vecinas del barrio, llena de ira y reclamando justicia, fundó el primer Movimiento que surge para denunciar este asesinato. Esta guanabacoense llenó las calles con carteles denunciando el hecho.

Con la muerte de Joel García Suárez (fallecido en el Remolcador), hijo de este matrimonio se acabó la alegría en el centro del pueblo por muchos años. “Joelito”, como todos le decían era el encargado de amenizar los fines de semana el parque de la Villa de Pepe Antonio.

Refieren los sobrevivientes que el joven Joel desaparece en el empeño de salvar los niños que habían colocado en las bodegas del Remolcador para protegerlos durante el viaje.

La joven madre, María Victoria, además de perder a su hijo, perdió a su esposo, hermano, tíos, en fin suman 14 de esta sola familia que quedó totalmente destruida.

La vida de esta familia, y de Maria Victoria en particular, después de estos hechos –“dio un giro de 90 grados”.-dijo, Jorge García Mas.

La casa ubicada en San Sebastián, esquina a Aguacate, permaneció fuertemente vigilada. Todos los que les brindamos nuestro apoyo, fuimos controlados constantemente y con actas de advertencias policiales, detenidos, rodeadas nuestras viviendas por fuertes operativos que trataban de impedir nuestra solidaridad con estas familias enlutadas.

María Victoria fue embestida por carros misteriosos. Había que silenciar tan horrible hecho.

Una madre no debe ser nunca desoída” aseveró José Martí.

Oídos sordos ante tanto dolor. El régimen de la Habana continúa sin hacer justicia con uno de los crímenes más horrendous: El hundimiento del Remolcador “13 de marzo” el 13 de julio de 1994.

Todos los años alzo mi voz, y mis letras las tributo al dolor de estas familias que perdieron sus seres más queridos, alzo mi voz, también por los que un día conoci, por mis alumnos muy jóvenes, tripulantes del Remolcador 13 de marzo. Sus cuerpos yacen en el fondo del mar, en una danza perenne como testigos del crimen y asesinato que ha quedado impune.

Hoy como otros años le digo: María Victoria, tu nombre nos indica que la Justicia nos dará la Victoria

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