Confesión para Zoé Valdés



(5-16-12-5:00PM)

Por: Maria del Carmen Carro. 

Zoé.- ¿Cómo te conocí? Hace ya algún tiempo, creo más de diez años. Los periodistas independientes teníamos un video de mujeres que habían sufrido muy de cerca la represión del Régimen de Fidel Castro. En el documental mostraban las primeras mujeres  presas, tras el triunfo de la Revolución.  En particular me gustó la sencillez del lenguaje de aquella muchacha de ojos achinados que tenía un parecido inmenso con mi hermana (ya fallecida). Después de la muerte de mi hermana cada vez que a escondidas en Cuba ponía el video, no lograba superar que mis lágrimas asomaran por mi mejilla. El rasgo achinado de los ojos de Zoé, me movía muchos recuerdos. Mi hermana era así. Muchos le decían –“la chinita”. Y su pelo lacio como el que Zoé llevaba en el documental. Ya mi hermana no está, pero si está Zoé y así la veo. Por eso, cada uno de sus triunfos me llegan más profundos.

Yo soy una apasionada profunda de los lenguajes sencillos cargados de sinceridad y valentía.

Zoé, puede en su narrativa llevar el mensaje a todos. Ella, transmite en cada palabra el lenguaje que Martí le recomendó a su hijita Maria Mantilla.-“Para la gente común un poco de lenguaje común, para que nos hagan pagar demasiado cara la superioridad humana”.Es la hija que soñó Martí.

La constante preocupación por la causa cubana hace de Zoé una escritora muy especial y muy necesaria para nuestros días y para nuestra querida Cuba.

Muchos no entienden, pretenden que parafrasear y utilizar vocabularios rebuscados, te hace  un escritor de altura. Claro, que Zoé y todos los escritores y profesionales conocen del uso de esas palabras que tanto nos hacen sufrir cuando cursamos los estudios universitarios. A mi memoria llegan las palabras de mi profesor de “gramática comparada” en la Universidad de la Habana que tanto nos hacían reír.

“Levanten la mano y con sinceridad ¿qué les dicen a sus parejas en los momentos de intimidad? Y decía…pongamos ejemplos. ¡Imagínense! Nadie quería ser sincero y los rostros estaban como decimos los cubanos-“colorados” .

No, yo quiero escuchar las palabras.- replicaba, el profesor. ¿Quién dijo que esas palabras que nos  dan tanto placer y nos hacen tan felices son malas?

Mi profesor casi nos imploraba acabar con los mitos del lenguaje rebuscado.

Cuando terminamos la universidad todos tomamos rumbos diferentes. Yo comencé a trabajar como profesora de idioma ruso. Y un día en el aula, me escribieron lo que llamamos una-“mala palabra” en la esquinita de la pizarra. Y como a mi nadie me la enseñá en la Universidad, simplemente me suspendieron la clase, porque yo había impartido una clase calificada de muy buena, pero muy mala porque todo el tiempo estuvo acompañada de  –“pelos en el c….”  -Y no borré la pizarra. Entonces decidí conocer y aprender todas aquellas malas palabras en ruso.

Sin dudas yo prefiero a Zoé. Ella, con su léxico activo ( les pareció bien la palabrita) llega a todos y sus críticas son exactas, con la diferencia que los cobardes lo piensan y no lo escriben, para no buscarse problemas. Es más fácil que Zoé hable, escriba, se proyecte y los demás admitan de forma solapada, hipócrita y para decir más, cobarde. Es más cómodo alabar que criticar.

El otro día, me dice un amigo.-“Oye por ahí hay una escritora que le zumba”. Yo infiero, deduzco, me imagino que lo de “zumba” fue porque se impresionó por la forma natural y platanera del decir de Zoé. Advierto que esas letras no las pueden llevar todos los escritores. Algunos se ahogan en un mar de palabras que si son -malas- porque tropiezan con el lenguaje popular. Ese de pueblo. Ese de nuestro pueblo, el de Zoé y el mío, el cubano. Esos escritores escriben para “pocos” y es ahí la gran diferencia. Y cuando terminan las personas dicen… ¿Y que dijo?

Esta mujer ya medio francesa y entera cubana es “una Cubanaza”. A mi me  gustaría que hubiera nacido en Guanabacoacomo yo, como Rita Montaner que se destacaba por su refrescante cubanía.

Zoé, te admiro. Defendiste tu interior. No hiciste tu vida del exterior al interior como otros pretenden. Hoy fue la Gran Medalla de “Vermel” de Paris, pero estoy segura que muchos premios más te esperan y siempre que eso suceda dirán –LA ESCRITORA CUBANA ZOÉ VALDÉS. Gracias, por mí, por las letras que le hacen bien a todos.

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