¿Dónde quedó el apoyo?

Manuel Pozo

Ex prisionero politico.

Todos sabemos que existen momentos de enfrentamientos dentro de Cuba. Hay un enfrentamiento desigual entre luchadores pacíficos y la criminal dictadura castrocomunista. El gobierno presume su poder y frente a sus esbirros existe un pueblo valiente cada vez más numeroso y disperso con el arma de la voz y la batalla pacífica: denuncias, desobediencia civil, manifestaciones y organizaciones políticas y de derechos humanos violando la ley del embudo cada día.
Un poco de respaldo internacional es casi nada para todo el riesgo que corren los opositores en Cuba.
Los que rechazan la siniestra ideología del gobierno y su decadente revolución no tienen mucho para hacer y “golpear”. Lo hacen todos los días sin muchas madrigueras donde guardar sus delitos tan violentos como una reunión ilícita, una propaganda enemiga o una caminata de mujeres con manojos de flores, esa es la guerra de nuestros luchadores por allá.
Hace unos días , el martes 13 de marzo, un grupo de 13 opositores pacíficos entraron (no asaltaron) en la Basílica Menor de la Iglesia de Nuestra Señora de la Caridad, en la barriada de Centro Habana. En ese momento se inició otra protesta en la capital cubana. El grupo redactó un pliego de demandas que en lo absoluto favorece directamente a ninguno de los 13 y sí le dice a la nación y al mundo lo que urge suceda en Cuba, ya. Desde dentro de la iglesia y renuentes a salir le entregaron las peticiones a las autoridades, firmado por el Partido Republicano por Cuba (PRC). Esa organización desconocida, de pronto fue primera plana,  realizando una acción oportuna y exitosa.
Las iglesias son recintos del pueblo que protegen, hasta donde entiendo. En ellas sus feligreses han encontrado refugio historicamente. De los sacerdotes esperamos complicidad con la parte sacrificada, con los más necesitados, con los perseguidos, según la postura cristiana. Esta vez no fue así. El jerarca religioso de nuestro país, el Cardenal Jaime Ortega sugirió un moderado desalojo conociendo lo que sucedería , alentó la brutal reacción de los expertos en desmantelar y ser violentos. No esperaron mucho los militares de la dictadura para patear y demostrar sus habilidades canallas. El Cardenal ordenó y los sicarios de la dictadura hicieron lo que mejor saben hacer.
Creo que muchos, dentro y fuera de Cuba no esperábamos otra conducta del preladocatólico de la isla. Por lo que ha promovido y evitado el jefe de nuestro rebaño estaba avisada esta lamentable cooperación. Pero ahí no quedó la mala suerte de los acantonados en la iglesia habanera. Después de las pateaduras, los jalones y los golpes técnicos, vino el gran dolor, el mayor de todos los dolores, el de saber que la acción no tuvo respaldo.
Los ocupantes de la iglesia Nuestra Señora de la Caridad, fueron brutalmente desalojados a pedido del lacónico Jaime. Viajaron a la fuerza hasta sus casas, “acompañados” por las hordas  de régimen (a las órdenes, esta vez del Cardenal), para saber que algunos de sus colegas en la lucha por la libertad de Cuba lejos de apoyarlos, manifestaron sus posiciones en detrimento de la acción y muy cerca de la conveniencia del oficialismo: iglesia católica-gobierno comunista.
En realidad estos hombres y mujeres del suceso de la iglesia no recibieron ningún apoyo mientras estuvieron dentro del santuario. Ningún disidente conocido u opositor tuvo un gesto solidario con ellos. Nadie merodeó ni intentó acercase a sus posiciones. La única reacción que se manifestó fue de rechazo, de crítica desalentadora. Eso sí que dolió.
No entendemos muy bien las razones de ciertas figuras de la oposición para criticar y desmoralizar al grupo que intentaba aprovechar este momento trascendental para llegar a la sabiduría del Papa. En Cuba las iglesias han sido recintos de reuniones y canales de cientos de activistas y opositores en estos 53 años de totalitarismo comunista. Las Damas de Blanco practicamente nacieron a la sombra de algunas iglesias de La Habana. ¿Qué esperan estos luchadores enojados y haciendo declaraciones desafortunadas ? La de este grupo de 13 cubanos fue una legitima acción contra el régimen de los Castro. ¿Qué espacio esperan los líderes de la oposición para pelear sin armas contra la maquinaria destructiva de la tiranía?
Definitivamente el grupo de 13 compatriotas que entró sin violencia en la iglesia el pasado martes  realizó un hecho admirable y ya histórico. Muchos lamentamos en el exilio la actitud de ciertas figuras que llevan años enfrentando los desmanes del castrismo; personalmente me sorprendió la manifestación del veterano luchador José Luís García Pérez “Antunez” ante esta valiente acción del grupo del PRC. Se supone que Antunez debe ser intransigente y consecuente en estos casos. Eso esperamos todos. Pero no fue así. 
En general no hubo respaldo en esta maniobra pacífica de un grupo de cubanos que entraron en la Iglesia, se mantuvieron en ella y lograron confirmarnos que la oposición en Cuba es mucho más que las figuras que conocemos.
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