UN NUEVO DÍA

Sección: Una isla perdida en el mar.

           Por: Julio César Gálvez.

Cuando faltan pocos días para concluir el año 2011 se impone, como es habitual, el  análisis de todo lo acontecido en este lapso. Se opina, critica, hace balance de lo positivo o negativo de las diferentes esferas en que se desenvuelve la humanidad. Vivimos en un mundo difícil y complejo en el que aún persisten regímenes totalitarios y antidemocráticos. Cuba es uno de ellos.

La revolución verde oliva cubana llegó al poder en 1959 envuelta en la aureola mistificadora de hombres barbudos, casi harapientos, repletos de collares y crucifijos al cuello, con una amplia sonrisa en sus labios, compartiendo y estrechando las manos de cuantos se tropezaran de frente sin distinción de raza, sexo o credo religioso. Se abría el camino para una nueva Cuba de paz y reconciliación nacional, después de difíciles años de enfrentamientos armados que llenaron de luto y dolor los hogares cubanos.

El cambio, prometedor en sus inicios, muy pronto tiró su zarpazo traidor, para sepultar las ansias de libertad y democracia de todo un pueblo en un encrespado mar de ismos intolerantes.

Nacida con la necesidad de un rescate nacional, y de la aspiración a una verdadera democracia popular, que no populista, después de casi ocho años de la dictadura de Fulgencio Batista, quien interrumpió el proceso republicano de la nación más joven  en aquel entonces del continente americano, se ha convertido en la tiranía totalitaria más antigua de nuestro planeta, haciendo involucionar a uno de los países más próspero y adelantado de Occidente en un estado carcelario, represor y violador de los más elementales derechos humanos.

La República de Cuba había sido el resultado del sueño y el pensamiento de una modernidad cubana con sus paradigmas centrados en la creación de una nación sobre las bases de la formación de un ciudadano a través de la conciencia y la credibilidad de los proyectos sociales, respaldados por las alternativas económicas que propiciaran el desarrollo armónico y sustentable del país.

El núcleo unificador  — la idea cubana  — surgida del sentir e interpretar una realidad, elaborada en el siglo XIX, desde Félix Varela a José Martí, permitió crear conscientemente la idea de la nación, tanto pensada como soñada, que a día de hoy el totalitarismo cubano se ha encargado de transfigurar en provecho particular de la casta gobernante.                                               

 

 El 63 aniversario de la proclamación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, sin duda uno de los documentos más avanzados y más trascendentales en la Historia de la Humanidad, y que tuvo a Cuba como uno de sus principales promotores y redactores, es violado sistemáticamente y con pleno conocimiento de causa por la Junta Militar que desgobierna a la Mayor de las Antillas.

El régimen cubano aumenta por momentos la represión, las golpizas y las detenciones contra disidentes pacíficos ante el temor a la verdad, a la realidad de que el pueblo cubano se rebele ante tanto atropello y tanta injusticia cometida en nombre de una filosofía caduca y desfasada.

Las revueltas y demostraciones populares ocurridas en algunos países árabes es solo el reflejo de lo que puede suceder cuando los pueblos se cansan de la opresión y las injustas desigualdades. Muchos hablan sobre los acontecimientos y los sucesos de la isla, pero nadie puede predecir el futuro de Cuba. Todo es cuestión de tiempo. Tiempo que Raúl Castro está tratando de ganar para continuar disfrutando las delicias del poder.

Son muchos los que afirman que la historia se repite una vez como comedia y otra como tragedia. Lo cierto es que se repite sin mucha diferencia. Durante la guerra de independencia contra España, pocos fueron los gobiernos latinoamericanos que respaldaron la lucha de los mambises en la manigua cubana. Los europeos mucho menos.  Ahora, los gobiernos llamados democráticos, y los representantes de los agencias internacionales de la Organización de la Naciones Unidas, presentes en la isla,  no son capaces de solidarizarse con los pacíficos disidentes y mucho menos denunciar públicamente el atropello y las vejaciones que se cometen contra mujeres y hombres indefensos por el solo delito de pedir el derecho a la libertad, al respeto y la dignidad que como seres humanos se merecen.

En esta fecha, en la que se rememora con toda justeza algo más que un simple formalismo plasmado en un documento contentivo de 30 artículos, seamos consecuentes y solidarios con las mujeres y los hombres que se enfrentan, a cara descubierta, sin temor a la represión, las golpizas, la detención o la muerte, solo armados de la razón y la verdad contra los que se oponen a la existencia en   democracia,  libertad y  bienestar de todo el  pueblo cubano.

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