Se cayo de la mata

Por: Julio César Gálvez.
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Nada de lo que ocurre en este mundo es obra de la casualidad, y en política, ese arte tan enrevesado, difícil y complejo a la vez, mucho menos. Nadie puede llamarse político y ejercer un cargo político y ser ingenuo, o que lo gojan de tonto, por lo menos yo lo considero así.
Desconozco si Bil Richardson realizó su visita a Cuba por invitación del régimen de La Habana o a título personal, pero según las informaciones publicadas en la prensa de su estadía en la isla, tuvo que regresar a los Estados Unidos sin poder lograr uno de sus principales objetivos: visitar a Alan Gross, encarcelado desde diciembre de 2009, cuando fue detenido y acusado por las autoridades cubanas de  ” espía, mercenario, agente del imperialismo yanqui, provocador “,  y toda esa retahíla de acusaciones a que nos tienen acostumbrados los gobernantes cubanos.
La directora de América del Norte del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, Josefina Vidal Ferreiro, dijo que Richardson había hecho declaraciones calumniosas a la prensa, en las que calificó a Alan Gross de ” rehén ” del gobierno cubano, según señala el Nuevo Herald este jueves. Claro que el exgobernador de Nuevo México dijo la verdad sobre la situación del subcontratista estadounidense, pero, y siempre el pero, a la nomenclatura dirigente cubana no le gusta, es más no quiere que la verdad de lo que sucede  dentro de Cuba se conozca fuera de la isla. Le tiene miedo a la verdad, pero no le conviene que la misma se conozca. Nada nuevo bajo el sol. Para los regímenes totalitarios la única verdad es la que ellos proclaman.
Mucho me hubiera gustado que Richardson se hubiera entrevistado con Gross, primero por una cuestión humanitaria. Así el visitante hubiera podido llevarle saludos a la esposa del detenido que la alentaran a seguir en su lucha por la excarcelación de Gross. En segundo punto, porque siempre es muy bien recibida una visita, aunque sólo sea de 5 minutos, a pesar que  tras la partida se te quede esa incertidumbre clavada en el cerebro de como estará la familia y los amigos fuera de los muros de la prisión. Para uno es estimulante y sirve como renovador de energías, ” para cargar las pilas “.
En tercer aspecto, porque el exgobernador hubiera podido comprobar — ojo  avizor — las condiciones que rodean en su cautiverio al subcontratista, aunque este no le hubiera comentado nada en el pequeño saloncito de visitas del Combinado del Este de la Habana, con sus paredes tapizadas en madera y las escuchas instaladas de trás de ellas. Pero lamentablemente no pudo ser.
Lo que me llama la atención y me confunde es la ingenuidad de Bill Richardson, un hombre cujeado  y con experiencia en política se haya dejado embaucar, al creer en las supuestas  promesas que pudo haber recibido del gobierno cubano. Como si desconociera los más de 50 años de continuadas mentiras, violaciones de derechos humanos, fusilamientos y asesinatos extrajudiciales del castrismo. O es que no ha visto los videos con las recientes golpizas, detenciones arbitrarias, las ofensas a la moral y arrastrar por las calles de toda Cuba a mujeres pacíficas e indefensas, cuyo único delito es pedir la libertad de los presos políticos que sucumben en las mazmorras castristas.
Como decía nuestro José Martí: ” En política lo real y verdadero es lo que no se ve “, quizá Richardson, quien entre otras cosas viajó a La Habana con la intención de propiciar el comercio entre las dos orillas y buscar un acercamiento político Cuba-Estados Unidos, logró algún resultado en este aspecto.
Soy de la opinión de que el ser humano debe buscar la coexistencia pacífica para que exista paz, libertad y democracia, pero de ser positiva la gestión del exgobernador en ese sentido, hay que esperar por los resultados. Tiempo al tiempo, como decía un fallecido meteorológo de la televisión cubana. Es más fácil hacer un pacto con el diablo que con uno de los Castro, no importa si es con el exgobernante hermano mayor o el actual mandante de turno.
Todo queda en familia. Lo cierto es que más de 50 años de desgobierno en la isla son más que suficientes para no fiarse de las promesas de la cúpua gobernante en la isla. Y no creó, como manifestó Joe García, amigo de Richardson, a el Nuevo Herald, que la negativa del gobierno cubano a permitir la entrevista entre Gross y quien fuera embajador en la ONU durante la presidencia de Bill Clinton, refleje una seria división dentro de la clase dirigente del país.
En Cuba desde hace más de 52 años todo está controlado, fiscalizado y dirigido por los hermanos Castro. Todo el que no esté de acuerdo va a parar al paredón de fusilamiento o a podrirse dentro de una estrecha celda tapiada, sin luz eléctrica, agua potable y a dormir sobre un colchón de bagazo prensado, comer agua de chícharos con gorgojos y gusanos, dos cucharadas de un pegote que le llaman arroz y un poco de escamas y espinas de tenca. Como se encuentran Rafael Ibarra Roque, Rolando Sarraf o Ernesto Borguez, quienes tienen sobrecumplido el tiempo que establece la Ley de Procedimiento Penal para su libertad y aún permanecen   Así, y nada más, para el totalitarismo cubano los seres humanos no cuenta, no tienen valor alguno.
Ojalá que quienes se adueñaron del poder en Cuba el primero de enero de 1959 y han convertido a la isla en su feudo particular, hagan un acto de humanidad y liberen a Alan Gross del calvario donde se encuentra, por su bien particular y el de su familia, que es en realidad quien más está sufriendo. Dentro de la prisión uno hace de tripas corazón y sobrevive. Existen muchas pruebas de ello, pero Richardson, como decimos en buen cubano, se cayó de la mata y pagó la novatada.
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Julio César Gálvez.
Exprisionero de conciencia del Grupo de los 75.
Desterrado actualmente en España.
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