EL DÍA EN QUE FUIMOS CHILE

 

Fue ese día en que vimos cómo la tierra alumbraba 33 vidas, una a una, entre gritos de alegría de sus familias y la respiración contenida del mundo entero pegado a la televisión. A cada ascenso de la capsula Fénix, milagro asombroso de la ciencia, un suspiro de alivio y de nuevo al tajo, que la espera sería larga.

Veintidos horas subiendo a la luz a quienes, 73 días atrás, habían quedado atrapados al producirse el hundimiento de la galería de la ya famosa Mina San José en el desierto de Atacama, allá en Chile.

En vilo estuvimos hasta saber que estaban vivos y en buenas condiciones físicas. Ese fue el primer asombro. Enseguida la emoción contenida de pensar cómo sacarlos de aquel infierno, y no pasó mucho tiempo cuando recibimos la noticia del propio presidente chileno Sebastián Piñera: “los vamos a sacar”.  Así lo dijo el presidente chileno, y el ingeniero jefe, y el médico encargado de mantenerlos en buena forma. Y así lo creyeron sin ninguna duda los familiares, los amigos y todo Chile.

Los escépticos, los pesimistas, los incrédulos, hacían cabalas y macabras apuestas y pocos eran los que creían posible que “los iban a sacar”. Pero llego el día en que técnica, confianza, esperanza, y fe, se unieron para hacer posible el milagro.

Setecientos metros, una cueva  húmeda, un túnel escavado hasta la cueva de apenas 66 cm de diámetro por el que debía ascender y descender la cápsula salvadora y 33 valientes, han logrado que gentes de todo el mundo se sintieran hermanados en la hazaña de los mineros chilenos.

El campamento Esperanza fue mucho más que un puñado de tiendas de campaña y hogueras encendidas en la noche del rescate. En cada abrazo del minero que llegaba a la superficie se abrazaba la solidaridad de miles de gentes que por un instante se sentían orgullosos de pertenecer al género humano.

 

Ávalos fue el primero en salir. Urzúa el último. De ellos recordamos los nombres. De los otros, iremos sabiendo. Mario Sepúlveda ya dejó sus primeras declaraciones: “estuve con Dios y estuve con el Diablo. Me pelearon y ganó Dios, me agarré de la mejor mano”.

 

Ese día fue el día en que todos fuimos Chile. País, himno, bandera, determinación, valor, todos los símbolos eran uno para reafirmar la fe en el ser humano.

 

Qué orgullo de país y qué envidia.

 

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