Libertad y destierro

Nos duele ética y moralmente la forma en que se ha desarrollado la negociación-mediación entre la Iglesia católica y el Canciller español Moratinos (no confundir España con gobierno español).

Y nos duele porque entendemos que deja inerme a la disidencia interna y alivia la carga mediática que internacionalmente soportaba desde la muerte de Zapata la dictadura cubana.

Bienvenidos a la libertad, todos los presos liberados. Su salida de prisión nos llena de alegría, pero nos inunda la desconfianza en el sistema y en el procedimiento, con la inevitable sensación de que el sueño se ha convertido en pesadilla.

Esta situación recurrente de presos por acciones políticas se vienen dando desde siempre. Demasiadas veces se entregaron presos como moneda de cambio, y siempre fueron recibidos con la lógica alegría de quien entiende que siempre es mejor un inocente en la calle que entre rejas. Pero los valores de una Cuba democrática con cambios reales se pierden entre los que jalean el destierro como mal menor y entienden que son “el paso más serio que ha dado el gobierno cubano en 50 años”. No podemos compartir estas palabras, aunque vengan avaladas, o tal vez por eso, por el autoproclamado albacea de Fariñas, el Sr. Héctor Palacios. Será muy serio, pero han tronchado por la mitad a quienes entraron en prisión por enfrentar a un gobierno que no respeta derechos ni libertades. Y serán puestos en la calle, que no liberados, puesto que su libertad está condicionada, tras largos padecimientos, represión, maltrato y condenas injustas, añadiendo a todo esto, el destierro negociado a sus espaldas  para ellos y sus familias. ¿Y los otros ? Los que no figuran en las listas de Moratinos, ni en las de la Iglesia, ¿son acaso menos presos? ¿Para cuándo una nueva negociación y una nueva entrega? Esto es lo verdaderamente serio, Sr. Palacios.

Nosotros estamos con Antúnez , con Reina Luisa Tamayo, con Óscar Elías Biscet .

La libertad no puede parcelarse ni negociase con chantajes emocionales. Se pedía , se exigía, la libertad para todos los presos políticos de Cuba. Demasiado tiempo de espera, demasiados sacrificios, demasiada resignación y demasiada sensación de culpa colectiva en estos más de cincuenta años de castrismo, con el temor siempre presente de que nos tachen de intransigentes, de poco dialogantes, cuando lo único que nos mueve es el sereno razonamiento de que: No es esto, no es esto.

Zapata vive, como vive Boitel, pero en estos días se nos antoja que su muerte fue por algo más que esta negociación-mediación , alcanzada para dar oxigeno, in extremis, a la dictadura cubana.

Mª Paz Martínez Nieto
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